Colegios personalizados

Para hablar de educación, debemos partir de que ésta, es un desarrollo normal y que surge
primeramente como una necesidad natural para conseguir la mejora en nuestras capacidades, es un
proceso natural y por lo tanto no debe tratarse como una imposición.
Científicamente, aprender se produce internamente cuando nuevas conexiones neuronales o redes se
asocian para transformar conocimientos y habilidades a través de clasificar conceptos, asociar ideas,
incorporar significados y ordenar experiencias.
Cada ser humano, es diferente y posee un proceso propio para este aprendizaje. Por ejemplo, aunque
el conocimiento proporcionado sea el mismo en un grupo de niños, las experiencias son diferentes en
cada estudiante; las emociones producidas y la relación entre la mente y su cuerpo son distintas por lo
que el ritmo en el aprendizaje también se asimilará de distinta manera. La absorción de los
conocimientos será un proceso de transformación mental de acuerdo con sus instintos, sus emociones
y el razonamiento propio.
Los sistemas tradicionales de educación se han enfocado en transmitir el conocimiento olvidando ese
proceso espontáneo, aplicando técnicas que desvían el disfrute por aprender.
Los colegios personalizados en cambio proponen no trabajar bajo una rigidez y si con flexibilidad en
lo que a interacción se refiere, para que con ello el estudiante avance en sus procesos cognoscitivos y
de desarrollo emocional y académico.

El objetivo central en este sistema educativo es desarrollar la habilidad por aprender, habilidad que
como ya lo mencionamos es innata. De esta forma, el aprendizaje se llena de gozo, se vuelve
placentero y no obligatorio, se vuelve experimental, espontáneo y no se queda solamente en un marco
teórico.
Para ello, cada estudiante debe ser tratado individualmente, al mismo tiempo que se le da más
autonomía logrando que el propio niño sea el único protagonista del proceso enseñanza-aprendizaje.
Sin embargo, no por individualizarlo se deja de lado el trabajo colaborativo y en equipo, al contrario, se
potencializan sus capacidades sociales a través del fomento al respeto de sus semejantes.
Por lo tanto en este tipo de escuelas, el aprendizaje es íntegro con una formación académica, personal
y social, donde constantemente además, se busca la participación activa de los estudiantes, sus
familias y sus maestros, logrando la implementación de valores y un real progreso de los proyectos
educativos.
En esta formación de valores, la ecología también es un factor importante, ya que los colegios
personalizados al tener más conciencia en todos sus actividades y al fomentar el respeto a todo lo que
les rodea, logran la valoración, integración y cuidado del medio ambiente como un recurso implícito en
el desarrollo humano.
Posiblemente las dudas asaltan al lector en cuanto a cómo se realizan estos cambios en la metodología
educativa, sin caer en un libertinaje abierto y confuso. Sin embargo la flexibilidad de la que hablamos,
no precisamente elimina los límites; éstos están marcados por los estudiantes ya que al ser
responsables de sus propios actos, son capaces de notar y hacer notar las diferencias entre lo
beneficioso y lo perjudicial, obviando incluso las imposiciones. Para establecer la disciplina, los niños
deben ser dueños de sus propios actos, pero ¿Cómo se consigue?
Por ejemplo, en el Método Montessori una de las herramientas utilizadas es el trabajo con el “error”.
Estamos acostumbrados a que cuando un niño comete un error, debe ser un adulto quien
inmediatamente lo corrija, pero al intervenir, el adulto obstaculiza el aprendizaje al no permitirle al niño
que reconozca y controle por sí solo sus errores, le provoca indecisión y fomenta la falta de confianza
en sí mismo. En cambio, la repetición y la experiencia por si solas pueden corregirlo. A través del
“ensayo y error” se adquieren nuevas capacidades.
Con respecto a los límites y las normas, éstos deben ser cumplidos de forma consistente, por
convicción, sin miedo y sin la amenaza del castigo. Para ello, cada niño debe tener conocimientos
razonables de acuerdo a su edad y entender las consecuencias lógicas de sus actos. El respeto
nuevamente es el eje para entender que los límites son necesarios y éstos mismo se irán graduando de
acuerdo con las capacidades que vaya adquiriendo el niño.
Nuevamente como María Montessori dice, mediante el trabajo diario dentro de los ambientes propicios,
cada niño aprenderá a hacer uso de su voluntad en forma responsable y por consecuencia respetará
los límites.

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