Cuando llega el momento de la edad escolar de nuestros hijos, se requiere decidir a qué escuela
entrarán y todos los padres se enfrentan al dilema de decidir la mejor institución posible, de acuerdo
con las posibilidades económicas de la familia.
Las escuelas públicas son administradas por el gobierno y por ley debe existir al menos una escuela en
cualquier parte habitada del territorio nacional. Sin embargo, dadas las circunstancias, no siempre hay
lugares disponibles, no tienen suficientes instalaciones, no todos cubren los servicios mínimos o lo que
es peor no garantizan educación de calidad con maestros comprometidos con su quehacer, ya que
muchas veces se convierten en empleados burócratas antes de ser docentes por vocación.
Entonces para las familias que sus posibilidades económicas se lo permiten, queda la opción de
seleccionar colegios privados, donde el mercado creciente ha generado una serie de ofertas
educativas con servicios completos, exclusivos o que prometen colocar a los alumnos en primeros
lugares de conocimientos dentro de un ranking calificado más por cuestiones egocéntricas que méritos
cognoscitivos.
No debemos olvidar que estas escuelas son un empresa, que aunque deben cumplir con ciertos
lineamientos gubernamentales, tienen la libertad de ofrecer métodos de enseñanza, currícula, sistemas
disciplinarios, formas de evaluación, tarifas, condiciones de pago, cobros extras y criterios propios.
Tienen la facultad de incrementar los conocimientos en áreas en las que usualmente las escuelas
públicas no lo hacen. Por todo ello, es importante tener formalidad al seleccionar el colegio y no dejarse
llevar por impresiones primeras.
Independientemente de la capacidad económica para solventar los servicios educativos, son varios los
factores a tomar en cuenta en la selección, de entre los que podemos destacar: la trayectoria, es decir
el tiempo de instituido, el prestigio o la imagen que tradicionalmente ha proyectado este colegio, si es
laico o religioso, si imparte idiomas deportes o artes, el ambiente, sus instalaciones, su filosofía, el
método de enseñanza, la implementación de otras materias o las nuevas tecnologías, la preparación y
actualización de sus docentes y administrativos, número de alumnos por aula, horarios, uniformes, las
actividades extraescolares que ofrece, dónde se localiza, los accesos, etcétera.
Al seleccionar de entre toda la oferta de colegios privados, se recomienda primero pensar en los niños
y en lo que les sea más conveniente, ya que es donde ellos pasarán gran parte de su vida, su mundo y
sus relaciones sociales girarán alrededor del colegio más elocuentemente que en su entorno familiar.

Es importante visitar físicamente la escuela y no únicamente dejarse llevar por recomendaciones, de
esta forma comprobará también las instalaciones. De ser posible incluso es favorable visitarlo en un día
de clases para observar la dinámica y la interacción diarias entre compañeros y entre maestros.
Fomentar entrevistas con dirección general, con maestros y con padres de familia que pertenecen a la
escuela y preguntar todo tipo de información que se pueda obtener y no quedarse con dudas, conocer
los valores con los que se conducen o los aspectos sociales, cómo manejan la disciplina y cómo
solucionan los posibles conflictos, cuáles son sus políticas ambientales y en referencia al consumo de
los alimentos.
Otro elemento observable es la atención personalizada y la comunicación que el colegio mantiene con
la familia. Dar un seguimiento oportuno y la asesoría necesaria amplía la confianza en el colegio y
representa que nuestro hijo no es sólo un número más.
Los padres deben asegurarse de conocer el proyecto educativo y el método de aprendizaje que lleva el
colegio, el cual posiblemente pueda ser un método tradicional o uno alternativo; y si éste último es el
caso, es importante que se involucren al conocer todas las aristas que la metodología tenga.
Igualmente revisar si es un colegio incluyente donde la diversidad se toma en cuenta y sobre todo se
respeta.
Ahora bien, seleccionar un colegio no significa dejar en manos de terceros la educación absoluta de
nuestro hijos. Es muy importante que los padres se interesen en la vida escolar de sus hijos. La familia
es la primera educadora. En el hogar es donde los niños aprenden a darse a entender, a compartir y
convivir. Estos aspectos darán pie a las motivaciones y las pautas a considerar para continuar la
educación en el colegio.

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