Usualmente en lo que a sistemas de enseñanza se refiere, el docente es quien tiene la batuta y el
alumno debe seguir el ritmo que le marcan, entienda o no, esté de acuerdo o no. Es decir el método
tradicional es seguir al maestro, pues es él quien tiene el conocimiento y el control absoluto.
Sin embargo, no se toman en cuenta las necesidades que el niño tiene como estudiante, los
antecedentes familiares y/o sociales que posee o incluso sus capacidades personales ya sean físicas o
mentales. Se da por hecho que todos los niños de la misma edad tienen las mismas habilidades y
experiencias, y que por ende, en una escuela que es un centro donde hay maestros que transmiten
conocimientos, los niños adquieren saberes idénticos y su comprensión será también igualada.
Varios son los métodos alternativos que difieren de esta forma de educación. Uno de ellos es
Montessori, el cual se centra específicamente en el niño, sus capacidades y su desarrollo.
Este método fue creado a finales del siglo XIX por la doctora italiana María Montessori con una visión
muy adelantada a su tiempo, inclusive hoy día después de más de cien años, continúa siendo un
sistema vigente en el mundo.
Básicamente al centrarse en el niño, se favorece su potencial, ya que la mayoría de las actividades son
dirigidas por el infante de acuerdo a su propia capacidad, con la observación permanente de su guía, es
decir el maestro, quien va adecuando el aprendizaje de acuerdo con el nivel personal de desarrollo que
tiene el niño. Pero este desarrollo debe ser integral, es decir abarcar y superar sus capacidades tanto
físicas, sociales y de la psique.
Tres elementos refiere de suma importancia para el logro de estos objetivos, principios imprescindibles
preparados específicamente para ello: el guía, el ambiente y los materiales.
El guía es el adulto entrenado para estimular el aprendizaje, para invitar al niño a que trabaje a su nivel
y con sus propias cualidades, facilita el material, lo conduce a la independencia a través de los límites
necesarios, lo concientiza en las consecuencias de sus acciones y lo asiste en sus propias etapas y
espacios.
El ambiente preparado es un espacio diseñado y equipado para satisfacer las necesidades específicas
que el niño tiene de acuerdo con su edad, que se organiza y suministra para colaborar con el
aprendizaje y el crecimiento, y que además proporciona seguridad. El ambiente debe ser elemental con
lo suficiente, proporcionado con muebles en tamaño y dimensiones justas y sobre todo debe tener todo
limpio y ordenado.
Los materiales además de que están al alcance y distribuidos por todo el ambiente para que cada niño
elija la actividad que quiera desarrollar, han sido diseñados con objetivos específicos de instrucción, de
experimentación, con formas, texturas y elementos que unen la mente con la realidad, que fomentan las
habilidades naturales; están hechos de acuerdo con el tamaño y la manipulación del estudiante, invitan

a la práctica, asocian temas abstractos para entender realmente la concepción y no solamente la
memorización.
Por medio de la utilización de este material, el aprendizaje tiene una gran ventaja: es sensorial. La
intención es refinar los cinco sentidos para que al desarrollarlos se aprenda más sobre todo lo que
rodea al niño.
Las matemáticas también son aprendidas de forma sensorial, comenzando con los conceptos básicos
como números, formas geométricas, tamaños, pesos, etcétera, hasta lograr operaciones complejas y
abstractas.
La lectura y la escritura tienen el mismo sistema donde primero conocen las letras y sus formas y
posteriormente su fonética para después enlazar su pensamiento a las habilidades físicas y lograr
escribir.
Al pretender el desarrollo integral del niño, además de los saberes, hay un concepto esencial que se
trabaja a partir de los primeros años del niño. “Vida práctica” es un tema donde se practican conceptos
sociales como la cortesía, la tolerancia, la disciplina y el refinamiento, además de trabajar con la
concentración, la coordinación y la independencia.
Resumiendo, en la metodología Montessori el niño es un ser respetado, competente y capacitado para
tomar sus propias decisiones. La autonomía es un objetivo claro que se busca a través de la formación
de pensadores críticos, a través del trabajo con la voluntad, la reciprocidad y el respeto, por medio de la
motivación emocional y la demarcación de límites necesarios.

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